Elogi de la lectura lenta

“No me he hecho filólogo gratuitamente, y quizá lo siga siendo; quiero decir, profesor de lectura pausada; y uno acaba también por escribir despacio. No figura ya entre mis costumbres, sino entre mis gustos -¿un gusto malo quizás?– no escribir nada que no suma en la desesperación a todos aquellos tipos de personas que “tienen prisa”. La filología es precisamente ese arte venerable que exige a sus adoradores ante todo una cosa: mantenerse al margen, tomarse tiempo, serenarse, hacerse lentos, como el arte y la pericia de un orfebre de la palabra que debe desarrollar un trabajo elaborado y cuidadoso y que nada consigue si no lo alcanza con ritmo lento. Precisamente por ello es hoy día más necesaria que nunca, justamente por ello nos atrae y nos encanta sobremanera en una época de “trabajo”, me refiero a la premura, la indecorosa y sudorosa precipitación que quiere “acabar con” todo de inmediato, incluso con cualquier libro, viejo y nuevo. Ella misma no logrará acabar fácilmente nada; enseña a leer bien, es decir, lento, con profundidad, con consideración y cuidado, con segundas intenciones, a leer con puertas abiertas, con dedos y ojos suaves…Mis pacientes amigos, este libro sólo aspira a tener lectores y filólogos perfectos: ¡aprended, pues, a leerme bien!

Friedrich Nietzsche, “Prólogo de 1886”, Aurora: Pensamientos sobre los prejuicios morales.

Jf

Ensenyar, segons Nietzsche

Precaución escribiendo y enseñando. Quien ha escrito una vez y siente la pasión de escribir, no se da cuenta de que todo lo que hace y vive es literalmente comunicable. No piensa ya más que en el escritor y en su público; quiere la comprensión, pero no para su propio uso. El que enseña es la mayor parte del tiempo incapaz de tarea alguna para su propio bien, piensa siempre en el bien de sus alumnos, y el conocimiento no le produce placer sino en tanto que pueda enseñarlo. Acaba por considerarse como un pasaje del saber, como un medio, en suma, al punto de que ha perdido la serenidad para lo que le concierne.”

Ai la darrera frase…

Nietzsche, Humano, demasiado humano, §200.

Jf

La intuïció i la raó

“Mentre que l’home que es deixa conduir pels conceptes i les abstraccions només allunya amb aquests mitjans la infelicitat, sense aconseguir emperò la felicitat amb l’ajut de les abstraccions, i aspira en el millor dels casos a alliberar-se del dolor, l’home intuïtiu, posat enmig d’una cultura, recull constantment de les seves intuïcions, a més del rebuig dels mals, aclariment, encoratjament i alliberament a doll. Certament, si pateix, ho fa amb més violència: pateix fins i tot amb més freqüència, perquè no entén que s’ha d’aprendre de l’experiència i ensopega contínuament amb la mateixa pedra. A més, és tan irracional en el dolor com ho és en la felicitat, crida alt i ningú el consola. Que diferent actua en idèntica adversitat, alliçonat per l’experiència, l’home estoic, que sap dominar-se mitjançant conceptes!”

Nietzsche, Sobre veritat i mentida en sentit extramoral, II.

Jf