Elogi de la lectura lenta

“No me he hecho filólogo gratuitamente, y quizá lo siga siendo; quiero decir, profesor de lectura pausada; y uno acaba también por escribir despacio. No figura ya entre mis costumbres, sino entre mis gustos -¿un gusto malo quizás?– no escribir nada que no suma en la desesperación a todos aquellos tipos de personas que “tienen prisa”. La filología es precisamente ese arte venerable que exige a sus adoradores ante todo una cosa: mantenerse al margen, tomarse tiempo, serenarse, hacerse lentos, como el arte y la pericia de un orfebre de la palabra que debe desarrollar un trabajo elaborado y cuidadoso y que nada consigue si no lo alcanza con ritmo lento. Precisamente por ello es hoy día más necesaria que nunca, justamente por ello nos atrae y nos encanta sobremanera en una época de “trabajo”, me refiero a la premura, la indecorosa y sudorosa precipitación que quiere “acabar con” todo de inmediato, incluso con cualquier libro, viejo y nuevo. Ella misma no logrará acabar fácilmente nada; enseña a leer bien, es decir, lento, con profundidad, con consideración y cuidado, con segundas intenciones, a leer con puertas abiertas, con dedos y ojos suaves…Mis pacientes amigos, este libro sólo aspira a tener lectores y filólogos perfectos: ¡aprended, pues, a leerme bien!

Friedrich Nietzsche, “Prólogo de 1886”, Aurora: Pensamientos sobre los prejuicios morales.

Jf

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